30 may 2013

El trabajo es la actividad de los incapacitados

«El trabajo reúne cada vez más buena conciencia de su parte: la inclinación por la alegría ya se llama “necesidad de descansar” y empieza a avergonzarse de sí misma. “Cada uno es responsable de su propia salud”, se dice cuando se nos sorprende en una excursión campestre. Pronto se podría llegar al punto en el que uno no pueda ceder a la inclinación por una vida contemplativa (es decir, irse de paseo con pensamientos y amigos) sin despreciarse a sí mismo y sin remordimientos de conciencia.»
 
Friedrich Nietzsche, El ocio y la ociosidad, 1882
 
«De ahí que el obrero se sienta en su casa fuera del trabajo y en el trabajo fuera de sí. Está en casa cuando no trabaja, y cuando trabaja no está en casa. Su trabajo, por lo tanto, no es voluntario, sino obligado, trabajo forzado. No es, por lo tanto, la satisfacción de una necesidad, sino sólo un medio para satisfacer necesidades fuera de éste. Su carácter ajeno lo pone de relieve el hecho de que, tan pronto deja de existir alguna coacción física o de cualquier otro tipo, se huye del trabajo como de la peste.»

Karl Marx, Manuscritos económico-filosóficos, 1844
 
«En el fondo, ahora se siente [...] que semejante trabajo es la mejor policía, que mantiene a todo el mundo a raya y que sabe cómo evitar con firmeza el desarrollo de la razón, la concupiscencia y el deseo de independencia. Puesto que emplea una cantidad enorme de energía nerviosa, la cual sustrae a las actividades de meditar, ensimismarse, soñar, preocuparse, amar, odiar.»


Friedrich Nietzsche, Los aduladores del trabajo, 1881
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La identidad entre trabajo y ausencia de poder decisorio se puede demostrar no sólo fáctica, sino también conceptualmente. Hace unos pocos siglos las personas eran conscientes de la relación entre trabajo e imposición social. En casi todas las lenguas europeas el concepto “trabajo” se refiere originalmente sólo a la actividad de la gente sin poder decisorio, de los dependientes, los siervos y los esclavos. En el ámbito lingüístico germánico se refería al trabajo ímprobo de un niño huérfano y, por eso, caído en la servidumbre. En latín “laborare” significa tanto como «sufrir una pesada carga» y se refiere, en síntesis, a los padecimientos y vejaciones de los esclavos. Las palabras románicas “travail”, “trabajo”, etc., se derivan del latín “tripalium”, una especie de yugo que se empleaba para la tortura y castigo de esclavos u otras personas privadas de libertad. En la expresión «el yugo del trabajo» aún resuena ese origen.
“Trabajo”, por lo tanto, no es ni en su origen etimológico un sinónimo de actividad humana autónoma, sino que se remite a un triste destino social. Es la actividad de los que han perdido su libertad. La expansión del trabajo a todos los miembros de la sociedad no es, en consecuencia, más que la generalización de la dependencia servil; y la adoración moderna del trabajo, no es más que la elevación casi religiosa de esta situación.
Estas circunstancias se pudieron ocultar con éxito y se pudo interiorizar este despropósito social porque la generalización del trabajo se vio acompañada de su «cosificación», a través del sistema moderno de producción de mercancías: la mayoría de las personas ya no están bajo el látigo de un solo señor. La dependencia social se ha convertido en un conjunto de relaciones abstractas del sistema y, por lo tanto, se ha hecho total. Se nota en todas partes y, precisamente por eso, apenas si se puede concebir. Donde todos son siervos, son todos al mismo tiempo señores, en tanto que cada uno es su propio tratante de esclavos y vigilante. Y todos obedecen al ídolo invisible del sistema, al “gran hermano” de la explotación del capital que los ha enviado bajo el “tripalium”.
El texto ha sido extraido del “Manifiesto contra el trabajo” escrito por el grupo alemán anti-capitalista “Krisis”. La ergofobia de estos señores, surgió hace más de 12 años con la intención de desarrollar una posición, más allá de las corrientes académicas dominantes y de los discursos paralizantes de la izquierda “movimentista”, que suponga una superación del marxismo de tipo “movimiento obrero”, sin caer en un discurso afirmativo “realista”. Permitiendo asi crear una nueva crítica social de carácter “antipolítico”. Todo esto según ellos, por supuesto.
 
 
 

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